Liderarme, para liderar a otros.

Me ocurrió hace unos días que –sin querer– terminé envuelto en la conversación de dos personas que trabajan en la misma empresa, en la que una le decía a la otra que “ella era un recurso para la organización”. Para mi escucha fue un estruendo un poco amargo, porque me sentí tan alejado de ese paradigma que de inmediato vinieron a mí un montón de pensamientos en los que destacaba: “vaya que tenemos aprendido el tratar a las personas como recursos y no como gente”.

Quizá volví a ser consciente que en el grueso de nuestras empresas y organizaciones, aún seguimos viendo a los colaboradores como eso, como recursos y no como personas que están esperando algo más allá que una simple remuneración económica o beneficios corporativos. Este es tal vez un gran reto para todos aquellos que tienen roles de liderazgo en sus organizaciones, el reto de cambiar ese paradigma por uno en el que la persona adquiera mayor relevancia en el éxito de los equipos dentro de una empresa.

¿Qué tan consciente somos como líderes de nuestras empresas de este cambio? ¿Qué necesitamos aprender para liderar a la gente desde un nuevo lugar?

Liderar a otros

Desde mi mirada el primer gran aprendizaje para transitar el camino del liderazgo, tiene que ver con aprender a reconocer mi propio mundo emocional, primero que nada. Toca entonces primero liderarme a mí para luego liderar a otros. Darle consciencia a la emoción que me ocurre a mí, para luego contagiar e inspirar a los que trabajan conmigo. Esto es la piedra angular del cambio de liderazgo y del cambio de cualquier equipo, porque como hemos conversado en otros artículos, las emociones se contagian, biológicamente la estructura del ser humano habilita este contagio, sea de emociones positivas como de las negativas.

Si como líder me encuentro en la frustración, el desánimo o el pesimismo, ese será el espacio relacional por el cual me conecto con mi equipo, desde ese lugar ocurrirán las coordinaciones que se producen en el lenguaje, en consecuencia ese será el mundo que a continuación con-viviremos con los consecuentes resultados. Si me encuentro en el optimismo, la alegría y el entusiasmo, entonces el escenario será diferente. No quiero decir bueno o malo, diferente en función de las emociones que están entrelazadas.

¿Quieres liderar a otros? Perfecto, comienza contigo. Conecta con tu emoción e identifica si te sirve o no para conectar con tu equipo de trabajo. Identifica qué emociones te permiten conectar con las personas y cuáles te desconectan. Algo fundamental, escucha. Escucha tu propio emocionar frente a las situaciones y desafíos de la organización. Y por supuesto escucha atentamente cuáles son las emociones que se producen dentro del equipo, ¿Cuál es ese contagio emocional? ¿Qué les está ocurriendo y cuál es el mundo de posibilidades que se abre o se cierra a continuación?.

Será muy fácil darte cuenta cuándo estés liderando a otros, ocurrirá cuando el equipo amplifique sus acciones con entusiasmo y optimismo en una dirección común.

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Liderarme, para liderar a otros.
El presidente Nelson Mandela entregando la copa de campeón del mundo en Rugby a François Pienaar, capitán de la selección sudafricana (1995).

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